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La trampa de la Felicidad: Cuando buscar la felicidad puede convertirse en un castigo

por
Míriam
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24 Dic, 2016

El término “felicidad” puede tener muchas trampas. Cuando conecto a internet y miro Facebook, suelo encontrar un batiburrillo de fotografías, artículos y comentarios y como norma general suelen haber dos tipos de mensajes: los que incitan a la indignación y los que incitan a la felicidad.

Los que incitan a la indignación funcionan bastante bien: una situación injusta que nos saca de quicio, normalmente siempre filtrada por el sesgo de nuestros propios gustos, creencias y pensamientos (no en vano, provienen de páginas que nosotros mismos hemos tildado con un “me gusta”). Ves el vídeo, la frase o la imagen de marras y enseguida piensas “¡¿Pero cómo puede estar sucediendo esto?!” y piensas eso de “en qué mundo vivimos…” Y no sé a vosotros, pero a mí me queda como un recelo dentro, una sensación desagradable ahí en el pecho, que después determina mi estado de ánimo. Es curioso, una imagen vista en cinco segundos o un video de menos de cuarenta segundos de duración es capaz de influir en tu estado de ánimo, prolongándose sus efectos más de esos cuarenta segundos.

Falsa felicidad

Hubo un estudio en Facebook acerca de esto, en el que se daba relevancia a imágenes que nos creaban o bien malestar, o bien bienestar y se comprobó que la tendencia de los usuarios era la de continuar compartiendo imágenes de la misma temática. Fue un poco cruel jugar con el usuario, pero sí es cierto que nos hizo comprobar de qué manera las redes sociales y los mensajes que recibimos en nuestro día a día podían y pueden influir decisivamente en nuestro estado de ánimo. Sin embargo, no voy a hablar hoy precisamente de no dejarnos influenciar por lo negativo de las redes sociales y de esas frases y consignas. Sino todo lo contrario.

Hacía tiempo que quería hablar acerca de las imágenes hermosas con textos maravillosos que te invitan a la paz, al relax, a ser feliz, a no preocuparte, a vivir el presente, al aquí y al ahora. Pero no solo de lo que aparece en las redes sociales, sino a esa tendencia que hay de positivismo en el que debes tomarte la vida como algo maravilloso que has recibido -que lo es- y ver todo lo positivo que tiene y ser la persona más agradecida del mundo y la más feliz… Y que todo ha de ser maravilloso y fantástico. Sin embargo, dime la verdad: ¿eres así de feliz?

La trampa de la felicidad

“Al mal tiempo, buena cara”.

“La felicidad está en nuestro interior”.

“El universo conspira para que todo te vaya un montón de bien”.

“Disfruta de cada momento maravilloso del día”…

“Ama a tus seres queridos porque así ellos te amarán”.

Y resulta que hoy llueve, que no encuentro ese interior que me dicen constantemente que ahí está, que el universo parece que se ha olvidado de mí, que hoy mi jefe me ha echado una bronca y que no aguanto más a ese ser querido que me está haciendo la existencia un inferno. Pero, nada de eso importa: he de ser feliz y verlo todo de color de rosa.

La verdad es que hay  una sobrecarga de “felicidad”, de mensajes que te instan a que tienes que disfrutar de la vida… como si la vida fuera algo fácil de vivir y que si estás triste, depresivo, ansioso, o cualquier cosa que implique alguna tensión sea culpa tuya, de tu mala cabeza, de tu falta de implicación, de que te empeñas ver las cosas desde el prisma de lo negativo cuando en realidad los pajarillos están ahí fuera cantando.  Si no eres feliz, si no estás capacitado para encontrar la felicidad en cada instante, entonces eres un “panoli”, un “parguelas”, un “tonto a las tres” incapaz de darse cuenta de lo maravilloso que tiene ante sí.

Y claro, un día te propones ser feliz y encontrarte a ti mismo, y te compras la ropa de algodón cómoda, la esterilla de yoga, el cojín de tejido ecológico, el té de los sabios del Himalaya y te descargas el CD de música relajante con frecuencia vibratoria especial  y ahí estás, con un montón de cosas para ser feliz, sentado para ser feliz y viendo que, tras cinco minutos de intentar ser feliz, sigues sintiendo esa especie de angustia por dentro. Que tu trabajo sigue comiéndote la energía, que tu relación no es para tirar cohetes, que ese familiar solo te habla para contarte todos los problemas que tenéis… Y tú ahí, en medio de esa vorágine, intentando mostrar tu sonrisa y eso… ser feliz.

El marketing de la felicidad

Y es que se ha creado un márketing bastante abusivo acerca de la “felicidad”.  Al año salen miles de publicaciones de libros de autoayuda que te garantizarán la felicidad duradera, que te dan la clave de todo. Cada vez hay más maestros que te acercarán a la felicidad (con perdón de mis colegas). Cada vez más consejos, webs, frases de a saber quién, memes, textos, artículos, etc. Y es que hay un buen filón con esto de la felicidad… La gente quiere ser feliz, muy feliz. Al final, es lo que aspira todo ser vivo: al bienestar, a la felicidad…

Pero la sociedad está estructurada de manera que tú no puedes ser feliz por mucho que lo intentes. En realidad la industria lo sabe, y lo aprovecha: sabe que la felicidad que se vende son como cucharadas de azúcar, te enganchas completamente y durante unos minutos te evades de la realidad para sentirte en plenitud. Sin embargo, no te aíslan  ni te evaden de la mente competitiva: “Crece  laboralmente para ser feliz”, “Vive en una casa hermosa zen”, “compra productos maravillosos que te lleven a esa felicidad”, “gasta en estos productos mejor que en estos otro”, “sé creativo”… En definitiva, no te conformes, no aceptes lo que tienes ahora. Debes aspirar a más. Si haces Yoga, debes intentar conseguir esa asana tan difícil (sí, esa asana photoshopeada hasta la saciedad), si meditas deberás quedarte sentado durante dos horas seguidas y sin quejarte, y cuando lo consigas, ¡que sean tres! Si tomas un té, debes disfrutar hasta la última gota…

La felicidad no es sinónimo de placer… aunque lo parezca

Lo primero que tengo que decirte es que te están engañando. Que te están diciendo que la vida en realidad es un pico constante de felicidad y que si tú estás ahí abajo es porque quieres, porque no estás viviendo la vida como deberías, porque no te decides a ser feliz. Y eso no es cierto del todo.

Lo que sucede es que confundimos felicidad con placer. En realidad, en la mayoría de los mensajes que nos llegan, donde pone felicidad debería de ser sustituido por la palabra “placer”. Lo que te venden es placer. El placer de disfrutar de una buena conversación, el placer de disfrutar de un paseo por el campo en contacto con la naturaleza, el placer de sentarte a meditar y que tu cuerpo se relaje y tu mente se calme… Y oye, que está muy bien, y que seguramente esos momentos de placer te acerquen un poco más a esa felicidad que está ansiada… Pero ni eso es la felicidad, ni eso dura para siempre.

La Existencia está formada por picos y valles

La vida no es plana. La existencia es cíclica, llena de picos y valles. Eso significa que tu vida será como las olas del mar: un día estarás en la cúspide de la ola, siendo el dueño del mundo, el amo del universo y después caerás y estarás en la estela de la ola, preguntándote por qué estás aquí y qué has hecho para merecer todo esto.

Esa es la verdad. No hay más. La vida es así. Siento ser yo quien te lo diga, pero te han engañado si te han hecho pensar que la vida siempre es algo maravilloso lleno de positivismo y de alegrías. No, no. La vida tiene su lado positivo y su lado negativo. Y esa felicidad que intentas buscar va a acabarse porque, en realidad, solo estamos buscando el placer, y cuando hay placer, le sigue el dolor. Estás dentro del remolino y te dejas llevar. Acéptalo: la vida es una noria.

¿Esto significa que nunca podremos ser felices? ¿Disfrutar de la vida?

Sin embargo, no todo es gris u oscuro. Aunque hasta el momento parezca lo contrario, no quiero que te deprimas ( y menos aún en estas fechas). Solo quiero que te liberes de la carga que te están imponiendo para ser feliz.

Primero, acepta que esas frases y consejos que ves en realidad están destinados a darte un estímulo temporal a tu cerebro. Siguiendo con el ejemplo del azúcar, es como una chocolatina que comieras: mientras la ingieres sentirás un gran placer, pero al poco tiempo dicho placer se convertirá en sensación de hambre o, lo que es peor, de culpa. Si lo observas, todas esas frases en ciertos momentos en los que “debes” de ser feliz, surten ese mismo efecto. Una frase inspirativa te llena de energía para seguidamente volver a la realidad y ver que todo sigue igual o que quizás no sea tan fácil como parece.

Así pues, ¿cuál es la solución? Podría ser dejar de comer chocolatinas… Y bueno, pues podría estar bien pero desengañémonos, ¿a quién no le gusta darse un gustazo de vez en cuando? No hay que dejar de comer chocolatinas, lo que hay que saber es que después de la chocolatina aparecerá el sentimiento de culpa o de hambre y estar preparados para cuando eso suceda…

La aceptación como la clave de todo

Y es precisamente ahí donde nos situamos, en la aceptación. Aceptar algo no significa conformarse con algo; significa que vamos a ser conscientes de que la vida está formada de picos y valles y que ahora puede que sea feliz, pero quizás momentos después, no. Y no pasa nada. De verdad, no pasa nada.

No dejes que esos mensajes de placer oculto bajo el término de “felicidad” te hagan perderte, te hagan sentir desolado. No dejes que las palabras -a veces extraídas de un desgarrador descontexto- de grandes maestros que han alcanzado la iluminación te hagan sentir que para ti será imposible vivir todo eso que explican (la felicidad, la comunión con lo divino…). Muchas veces se comparten experiencias y pensamientos que ni siquiera quien escribe ha experimentado. Fíjate, la verdadera felicidad, según los antiguos maestros, reside en la Unión con el Todo, en el estado de Yoga, o de Samadhi, o de Nirvana, o de Liberación, o de Emancipación, o de Gloria, o de… llámalo como quieras. ¿Te lo imaginas? Alguien que es capaz de encontrarse en un estado de dicha perpetuo.. Pero ese alguien resulta ser un gran Maestro que ha dedicado toda su vida -y según cuentan, incluso otras vidas- a buscar hacia dentro, a descubrir… Y ahora se supone que tú debes alcanzar ese mismo estado de plenitud constante…

Cuando aceptas los valles de la vida, te liberas

Cuando te das cuenta de que tomar una taza de té caliente, ver salir el sol, o practicar unos ejercicios de meditación no te van a dar esa felicidad que te venden, entonces sientes una especie de liberación, una especie de: “por fin puedo dejar de preocuparme por ser feliz”. Por fin puedes ser quien eres, vivir la vida que tienes: con sus luces y sus sombras.

Creo sinceramente que es una carga muy pesada la búsqueda incesante de esa felicidad perdurable, de encontrarte siempre bien, con una sonrisa, agradeciendo que tu jefe te eche del trabajo, viendo oportunidades maravillosas y negando la mente negativa. Cuando por fin te das cuenta de que lo único que tienes que hacer es vivir, existir y, sobre todo, aceptar, sin intentar cambiar lo que no puedes cambiar y cambiando lo que sí puedes cambiar, un profundo desahogo sobreviene.

No podemos cambiar las circunstancias que nos tocan vivir. Pero siempre podemos decidir de qué manera vamos a afrontar esas circunstancias. Vivir en los mundos de Yupi solo es intentar ocultar el verdadero sentido de la vida.

Las flores de loto como guías

En lo negativo se encuentran los lodos que nutren nuestras flores. La flor de loto solo emerge de la suciedad y del lodo del profundo estanque. Es a partir de aquí que surge hacia la superficie fuerte y luminosa. Cualquier flor necesita del estiércol para poder nutrirse. Así pues, ¿cómo vamos a desechar esos momentos de la vida, esas circunstancias, que tildamos como negativas si son parte de nuestro crecimiento como personas? Hablamos de resiliencia, de aceptación, de sabiduría.

Acepta que la vida es una noria, que al placer le sigue el dolor,  que hoy puedo levantarme triste y mañana ser la persona más feliz del mundo, y que observando ese vaivén, nos damos cuenta de que la verdadera felicidad es otra cosa diferente. La verdadera felicidad no es una búsqueda, sino un encuentro. Es la capacidad que tienes de poder ver las cosas y experimentarlas “desde fuera”, siendo ecuánime ante el placer y el dolor.

 

Y, por supuesto, nunca olvides mirar el lado brillante de la vida :).

La vida