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Los beneficios del Yoga en el verano

por
Míriam
1 Sep, 2017

Muchas personas ven en el verano la estación para del cambio de rutina y de aires: ahora los niños han terminado las clases, hay más ruido y jolgorio por las calles, los horarios han cambiado, se pasean por las tardes, se va a la playa o a cualquier paraje para refrescarse, se disfrutan las vacaciones estivales… Pero para muchas personas puede comenzar una época de estrés, ya que aumentan las responsabilidades (cuidado de hijos sobre todo), el calor sofocante nos desanima y resta energía… Sin embargo, para otras, puede ser la oportunidad de contar con el tiempo para realizar actividades que han ido postergando durante el invierno. En cualquiera de estos casos, la práctica del Yoga puede ser un gran constituyente que nos invite a disfrutar de la estación estival y a volver a conectar –o continuar conectando- con nuestro interior. Este artículo habla sobre algunas de las características de esta estación y de por qué es interesante continuar nuestra práctica de Yoga en el verano.

Las características del Verano en la Naturaleza y en Nosotros

Es el verano la época del año en la que los rayos del sol llegan casi perpendiculares a la Tierra. A partir del 21 de junio, los días comenzarán a hacerse más cortos aunque aún seguiremos disfrutando de mucha luz y del calor de la época, siendo la estación con las temperaturas más elevadas del año y con la menor tasa de precipitaciones atmosféricas.

FuegoUno de los días más emblemáticos de esta fecha sucede en las conocidas como Hogueras de San Juan, que tienen lugar el 24 de junio, una fiesta solar que simboliza la fuerza regeneradora del sol. Es en este momento en el que, mediante rituales, quemamos todo aquello que durante el año ha estado presente en nuestras vidas y de lo que nos queremos deshacer. Es así, pues, un momento de introspección y de regeneración.

En la naturaleza podemos ver la abundancia de los frutos y las flores hasta más o menos mediados de verano, momento en el que todo empieza a tornarse de colores cálidos y a prepararse para la llegada del otoño: las flores comienzan a preñarse de frutos, frutas y simientes que caerán en el otoño. Del mismo modo, nuestro cuerpo comienza a prepararse para este momento estival.

Ahora la energía ha sufrido un cambio de dirección. Durante el invierno, la energía vital se comportaba de una manera centrífuga, es decir, desde el centro se expande hacia el todo. Podemos comprobar este fenómeno al observar la naturaleza del invierno: mientras que a simple vista todo parece estar yerto – los árboles han perdido sus hojas, la tierra parece estéril y húmeda…- en el fondo sabemos que la vida permanece de una manera latente – y comprendemos que el árbol que pierde sus hojas no ha muerto, sino que aún hay calor en su interior, que bajo la tierra las semillas se nutren para germinar en primavera, que los animales hibernan en sus madrigueras a la espera del buen tiempo…- Del mismo modo, nosotros almacenamos energía en nuestro interior para mantenernos calientes, con vida, y somos nosotros, cada uno de los individuos quienes proyectamos la energía hacia fuera, para que la vida fluya.

En el verano, el fenómeno sucede justo al revés. La energía vital adquiere una dinámica centrípeta, esto es, que ahora es el Todo el que nutre al individuo de energía. Nuestro cuerpo y nuestro ser recibe ahora la energía: ya no necesitamos generar calor, sino que nos es dado por el entorno natural. Ahora nuestro organismo se prepara para regular todo ese calor interior mediante el sudor que, además, nos ayudará a mantener una piel sana, elástica y a eliminar las toxinas que quizás fuimos acumulando a lo largo del invierno y parte de la primavera.

Aunque un exceso de calor también nos puede llevar a sentir cansancio, pesadez, a que aparezcan problemas digestivos y circulatorios (como hipotensión, pesadez de los miembros inferiores debido a la dilatación de los vasos sanguíneos y a la dificultad del retorno venoso).

El Yoga en el verano

Yoga en el verano

Para sentirse bien en estos casos, el Yoga puede ser una vía del que disponer de diferentes herramientas que nos ayuden a beneficiarnos de las bondades de la estación sin que nos suponga un sacrificio. Así mismo, nos enseña a armonizar con la estación.

Así pues, las clases de Yoga durante el Verano están diseñadas para crear un equilibrio con nuestro entorno, evitando una actividad física que exija gran esfuerzo y que nos lleve a crear disconfort´y malestar. Las sesiones tienen por tanto una orientación terapéutica y restaurativa, primando el movimiento lento, pausado y consciente, las posturas refrescantes, la regulación del propio esfuerzo.. Así mismo, emplearemos respiraciones que nos induzcan a un estado mental relajado, al frescor, a la paz, al bienestar y, sobre todo, dedicaremos tiempo a tomar contacto con la tierra, con nuestro cuerpo cerca de la refrescante tierra que nos ayudará a vivir de una manera agradable esta estación.

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